Conviviendo con especies invasoras

Cuando una población de una especie llega a un entorno lejos de su distribución natural generalmente tiene pocas posibilidades de prosperar. Sin embargo, este hecho se ha producido tantas veces a lo largo de nuestra historia que algunas de estas introducciones han sido fructuosas.
Dentro de esta pequeña proporción de especies foráneas que han podido desenvolverse en un nuevo ambiente del originario, solamente un 10% de ellas llegan a ser perjudiciales para el medio ambiente y/o las actividades humanas. Pero un 10% de un gran número sigue siendo un gran número.

Tortuga de orejas rojas introducida
Tortuga de orejas rojas introducida en un río en Catalunya – Imagen de Enric Pàmies

Solamente en Europa hay documentadas 1.094 especies que causan impactos ecológicos y 1347 con impactos económicos. Estas especies son las llamadas Especies Exóticas Invasoras (EEI).
El proceso de invasión biológica de una especie puede dividirse en cuatro fases: de entrada, establecimiento, propagación e impacto. Por lo tanto, una especie considerada invasora tiene que llegar a un nuevo lugar (una o múltiples veces), reproducirse, expandirse lejos de su lugar de introducción y llegar a ser una amenaza en su nueva área geográfica.

Estas introducciones de EEI según el proceso que ha facilitado su entrada en un nuevo hábitat, pueden clasificarse como intencionales o no intencionales.
Dentro del primer grupo se incluyen las que se han producido por el ser humano de forma deliberada: producción de alimento (Cangrejo rojo americano introducido para el consumo), caza y pesca deportiva (Siluro traído a la Península por pescadores alemanes), control biológico (Gambusia introducida para el control de mosquitos), abandono de mascotas (Tortuga de orejas rojas vendida en tiendas de mascotas), razones estéticas (Jacinto de agua), entre otras.

Jacinto de agua
Jacinto de agua, una planta con gran potencial invasor – Imagen de Enric Pàmies

En el segundo grupo estarían las acciones antrópicas que han favorecido a la introducción de estas especies de forma involuntaria: polizones (Mejillón cebra adherido en cubierta de barcos o en agua de lastre), abatimiento de barreras geográficas (Entrada del Pez globo en el Mediterráneo por el Canal de Suez), transporte de mercancías (Picudo rojo en palmeras procedentes de Egipto o Mosquito tigre en neumáticos usados), escapes (Caracol manzana en el Delta del Ebro), quiebra o cierre de explotaciones con fauna (Visón americano de granjas peleteras), etc.

Cangrejo rojo americano
Cangrejo rojo americano – Imagen de Enric Pàmies

Todas estas especies comparten una serie de características ecológicas que les permite ser abundantes y persistentes en un nuevo hábitat. Entre estos factores se incluyen la ausencia de enemigos naturales, parásitos o enfermedades (Culebra real de California en Gran Canaria), la capacidad para ser un depredador efectivo en el nuevo ecosistema (gatos domésticos abandonados), la habilidad de aprovechar hábitats artificiales o perturbados (Cotorra argentina) o la alta adaptabilidad a nuevas condiciones siendo capaces de explotar nuevos recursos.

Una vez una especie es considerada como exótica invasora en un lugar determinado pasa a formar parte de la lista “negra” de especies invasoras regulada por la conveniente legislación (en España Real Decreto 630/2013). La inclusión de una especie en estas listas prohíbe su posesión, transporte,

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